Caracas. Cuando el 7 de agosto de 2006 falleció en China de un paro cardíaco Jesús González Zaballa, gerente de construcción de la empresa francesa Technip, no sólo la vida se le puso "patas arriba" a su esposa Violeta Espinoza, sino que también comenzó a desmoronarse el mundo artificial que este ciudadano español había construido durante 31 años.Desde ese mismo día las cosas cambiaron como por arte de magia en la familia González Espinoza. Las siempre bien ponderadas y atentas relaciones de la empresa con el grupo familiar del ingeniero cambiaron radicalmente, sobre todo después de que el cuerpo del difunto fuera cremado."Mi esposo había viajado con nosotras de Australia a China para una reunión de sólo tres horas. Insistió en ir con mi hija y conmigo bajo la promesa de que tendríamos un día completo para hacer compras. Pero el destino nos jugó una mala pasada y su muerte trajo consigo toda una estela de problemas y revelaciones muy graves que de un momento a otro se convirtieron en una verdadera tragedia para mi familia", explicó Violeta Espinoza.Cuento de hadas. La historia se remonta a 1991, cuando un grupo de ingenieros que trabajaban para la empresa Technip de París llegaron a Venezuela para la construcción de la nueva planta de bagazo de caña en Venepal. Entre ellos se encontraba Jesús González Zaballa, quien desempeñaba el cargo de "ingeniero consultor".Allí conoció a Violeta Espinoza, ingeniera química que también laboraba en Venepal. El romance comenzó de un momento a otro a partir de septiembre de 1991 y continuó con una hermosa boda el 11 de abril de 1992. Nueve meses después nació su hija.Durante tres años Jesús González realizó trabajos en la refinería de Jose en Puerto La Cruz (Anz), donde vivía con su familia a cuerpo de rey. Otros dos años más permaneció en Maracaibo realizando trabajos en El Tablazo, hasta que a mediados de 1966 fue transferido a otra obra de Technip en Kuala Lumpur, en Malasia.Rumbo a China. Después de haber permanecido cinco años en Malasia, el ingeniero y su familia volvieron a mudarse. Esta vez Technip le comisionó unas obras que tenía en Shangai, China."Allí estuvimos cinco años más. Afortunadamente durante todo ese tiempo siempre permanecimos en la misma ciudad y no tuvimos que pasar por todo aquello que significa volver a mudarse de un lugar a otro", añadió Violeta Espinoza.Recordó que en los 14 años de matrimonio que mantuvo con Jesús González sólo viajó cuatro veces a París en misión laboral y nunca por un período mayor de seis días."Todas las fechas importantes las pasamos juntos en familia. Los días del padre, la madre, Año Nuevo y Navidad nunca nos separamos. Siempre vivimos como una familia feliz y muy unida", recordó la esposa.En junio de 2005, Technip sorpresivamente ordenó a Jesús González dejar el proyecto que dirigía en Shangai y decidió enviarlo a otra obra en la ciudad de Portcampell, en Australia."Durante ese tiempo afrontamos situaciones difíciles, ya que como no queríamos que nuestra hija perdiera el año escolar que estudiaba en China, decidimos quedarnos. Así fue entendido por la compañía y decidieron seguir pagando la casa alquilada en Shangai para que viviéramos allí mi hija y yo, y alquilar otra muy cerca de Portcampell, en Australia, donde ahora estaba mi esposo".Tan importante era para Technip el trabajo del ingeniero Jesús González que accedió a todos estos privilegios, además de pagar los pasajes en avión ida y vuelta que cada tres semanas utilizaban Violeta Espinoza y su hija para viajar a Australia y visitar al "hombre fuerte" de la empresa.Trágica decisión. Es en esta etapa cuando, según la viuda, la empresa Technip ordenó a su esposo viajar a China a una negociación que en teoría sólo duraría tres horas.Cuando la familia llegó a China, Jesús González comenzó a sentirse mal, por lo que fue trasladado a un hospital de la ciudad de Shangai donde falleció de un ataque cardíaco. "Mi esposo había trabajado diez años sin vacaciones y desde hacía cinco no le hacían una revisión médica, cuando la norma es que cada año el personal tenga que someterse a un examen médico riguroso. Luego que incineramos su cuerpo la actitud de la empresa hacia nosotros cambió totalmente, al extremo de que el personal que enviaron para ayudarnos en los trámites nos agredió moralmente y luego de algunos meses casi a duras penas pudimos ser repatriadas".La sorpresa. Pero ¿qué había dejado al descubierto la repentina y trágica desaparición de uno de los hombres más importantes de la empresa francesa Technip en el sector de la ingeniería, específicamente en las obras que tenían que ver directamente con la infraestructura petrolera en varios países del mundo y sobre todo en la refinería de Jose, El Tablazo, Pequiven, Corpoven y Venepal en Venezuela? Primero, que Jesús González no era divorciado, como le había hecho creer a su esposa. Que la sentencia de divorcio de un primer matrimonio era falsificada, al igual que su partida de nacimiento en la que se había quitado diez años.La empresa se excusó por no poder entregarles el dinero del seguro, ya que habían descubierto que uno de sus principales hombres de confianza les había mentido, nunca se había divorciado de su primer compromiso y mantenía una doble vida familiar.Un extraño. Pero, como si ese golpe no fuera demoledor, su esposa acusó otro que la dejó al borde del colapso: descubrió que su esposo no era quien creía.Su título de ingeniero mecánico supuestamente egresado de la Escuela de Ingeniería Industrial de San Sebastián en la Universidad de Navarra en 1966 tampoco sería verdadero, como definitivamente tampoco lo son los dos masters que adjuntó en su currículo, uno cursado supuestamente en la Universidad de Los Andes en 2001 y otro por la Universidad Cardean de Chicago, EEUU.La interrogante surge luego de conocerse todas estas irregularidades. ¿Cómo es posible que una persona cuyos títulos eran falsos pudiera infiltrarse dentro de una organización tan rigurosa en la selección de su personal como lo es Technip? ¿Cómo es posible que esta persona tuviera tanta responsabilidad en proyectos desarrollados en áreas petroleras consideradas "estratégicas" en diversos países y especialmente en Venezuela? ¿Sabía Technic que la documentación era falsa y permitió que siguiera laborando porque le resolvía los problemas en las obras que contrataba, o también fue sorprendida como casi todos los que conocieron a Jesús González Zaballa? ¿Hasta qué nivel tuvo acceso en las refinerías de Jose y El Tablazo, consideradas de alta seguridad en el país? Últimas Noticias envió correos electrónicos a la presidencia de Technip en Francia, pero no obtuvo respuesta. En Caracas no trabaja ningún representante de esta empresa que está asociada a Ditech, otra compañía venezolana encargada de estudios y proyectos.Cuando Violeta Espinoza quiso comunicarse con personeros del gobierno y hasta con el propio presidente Hugo Chávez para comunicarles su extrañeza por este delicado asunto, sintió que las puertas se le cerraron y todos los que ofrecieron ayudarla no lo hicieron. Inclusive, una oferta formal de trabajo en Pdvsa fue sorpresivamente cancelada. Ahora siente que las sombras siempre la acompañan.TÍTULOS CHIMBOS En el currículum que adjuntó Jesús González Zaballa indicó que el título de ingeniero mecánico le fue conferido por la Universidad de Navarra en 1966.Una consulta a través de la web determinó que en Navarra existen dos universidades: la Universidad Pública de Navarra, fundada en 1987, que queda descartada ya que Jesús González dijo haberse titulado en 1966, y la Universidad Privada de Navarra Tecnun, que fue fundada en 1957.Esta universidad no tiene entre sus carreras la de Ingeniería Mecánica, por lo que también queda descartada como la que le habría entregado el título.El máster que le habría entregado la Universidad de Mérida también es falso, ya que figura como que le fue conferido el 20 de noviembre de 1991 y sin embargo los sellos tienen la fecha del 20 de noviembre de 1987.Y el de la universidad de Chicago tampoco es verdadero, ya que, según su esposa, nunca estudió allí.

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